La ciencia en la actualidad.

ID 20160129Ayer terminaba mi entrada indicando que había trabajado para el libro en pergamino de mi nieto Eduardo, pero que eso lo explicaría hoy.
Y paso a hacerlo. Había descubierto un texto en el pergamino de mi nieto, correspondiente a la entrada de las 07:28 del sábado, 14 de julio de 2007, cuando el niño tenía diez días de vida. Le cuento que le copio un texto que hice para su madre, cuando estaba en el colegio, pero luego he visto que más bien es de primero de su ingeniería informática superior, para una charla. Y le indico que el texto lleva fecha del doce de enero de 2001. Pues bien. Lo que hice fue editar la página 133 donde se había deslizado el error. Afortunadamente, todavía no he llegado a esa página en pergamino.
Hoy tan sólo he podido imprimir nueve páginas que he descubierto me han desaparecido. Las necesito para seguir copiando en el sexto cuadernillo. Y rayar una página para escribir mañana.
Y nada, copio seguidamente el texto, tal cual, aunque pueda estar todo lo desfasado que suponen quince años, pero así son las cosas:

La ciencia en la actualidad.
Es imposible hablar de los avances científicos en la actualidad si no hacemos referencia a lo que ha sido la ciencia en el pasado. Y no podemos resumir en el breve tiempo de una charla lo que sería tema para una tesis o para un libro.
Sin embargo, yo voy a remontarme al libro del Génesis, el primero del Pentateuco, en el que se nos relata el mito de la creación y del pecado original: éste no es un libro científico, sino teológico y sin embargo, en él se distinguen dos autores: aparece primero el sacerdotal, más reciente, que se distingue por tener un proceso “científico” más elaborado, no propiamente judío, y el segundo, anterior en el tiempo, el yahvista, en el que ya se nos habla del mandato y de la prohibición de Dios y que da paso al mito del pecado original que es lo que nos interesa con respecto al tema que tratamos. En el capítulo III, versículo 5, dice la serpiente: sabe Dios que si coméis del árbol de la ciencia del bien y del mal no moriréis sino que se abrirán vuestros ojos y seréis como dioses, conocedores del bien y del mal. ¿Qué pecado existe en eso? En el lenguaje hebreo expresa el conocimiento de dos antónimos de equivalencia al conocimiento de todo. Y ¿es malo querer conocerlo todo? No; simplemente, para el teólogo que está escribiendo el Génesis, explica el pecado de su tiempo, querer anteponer el conocimiento, el poder y el dominio del hombre sobre la Tierra a Dios mismo. Con esta introducción quiero poner de manifiesto que ya en el siglo X y en el siglo VI antes de Cristo se planteaba el problema de la Ciencia.
Ahora podríamos definir qué es la Ciencia, pero no se trata de ir al diccionario: «Conjunto coherente de conocimientos relativos a ciertas categorías de hechos, de objetos o de fenómenos. Cada rama de ese conocimiento que se considera por separado. Por oposición a Letras: disciplinas basadas, fundamentalmente en el cálculo y la observación». Esto es un error. Hoy en día todas las materias sean de “ciencias” o de “letras” se estudian con un método científico.
Menos aún se trata de entrar en disquisiciones filosóficas acerca de la clasificación de la ciencia en ciencias físicas y metafísicas, etc…
La ciencia en la actualidad, como en los tiempos en que se escribió el Génesis, ha pasado a ser el ídolo de nuestra civilización. No hace falta estar muy versado en el tema para ver la fama que tienen científicos como Stephen W. Hawking (si no, ver la tirada de su libro historia del tiempo), los avances en astronomía, en medicina, en genética (pensar en la clonación humana que ya es posible después de haber clonado monos)… en inteligencia artificial (a pesar de que un ordenador (*) haya ganado a Kaspárov, todavía eso no es inteligencia artificial, pero está cerca). Falta mucho para imitar a nuestro cerebro: sobre todo, falta conocerlo. La hendidura sináptica, según sabemos hoy, mide aproximadamente 200 ångströms de ancho (es decir, 20 Nm = 20-5, ínfimo margen de distancia en el que se sabe que tienen lugar los fenómenos cuánticos.
Albert Einstein no sólo demuestra matemáticamente la teoría de la relatividad, E = Mc2, sino que dice que Dios no juega a los dados con el Universo y escribe un libro, “Mi visión del Mundo”, en el que implica su vida con su teoría. Y Newton descubre la suya por una “inspiración” cuando se encontraba tumbado debajo de un manzano. Del mismo modo, podemos decir que el poeta americano WALT WHITMAN estaba inspirado en “HOJAS DE YERBA” cuando escribía “YO NO CREO QUE EL TIEMPO DE UN HOMBRE O DE UNA MUJER sean setenta años, o que sean setenta millones de años el tiempo de un hombre o de una mujer, ni creo que los años vayan a poner fin alguna vez a mi existencia o a la de cualquier otra persona”.
El sacerdote católico Francois Brune dice por T.V. que está convencido de que pronto se podrá demostrar científicamente la existencia de Dios. Mientras tanto, aparecen nuevas enfermedades, como el Sida, contra las cuales luchan incansablemente los científicos para ver si encuentran una vacuna o un remedio. Y otros científicos se dedican a aplicar los descubrimientos de la ciencia para inventar nuevas armas cada vez más mortíferas. Los estados, por otra parte, dedican cada vez más dinero a la investigación, en relación a lo que se dedicaba antes, pero siempre para grandes proyectos, como para el gran acelerador de partículas francés.
Yo espero que los gobiernos del mundo se dediquen a luchar por la paz y la justicia social, de forma que todos tengamos acceso a una mejor educación y los estados puedan dedicar más presupuesto a la formación superior y a la investigación científica que redunde en bien de todos los hombres.
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(*) El “Deep Blue”, el superordenador diseñado por IBM, tiene 32 procesadores en paralelo y 512 chips, siendo capaz de calcular más de doscientos millones de jugadas por segundo, puede “repasar en su memoria” un millón de partidas de los mejores jugadores de ajedrez del mundo de todos los tiempos y aprender de sus propios errores.

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Hoy es Santo Tomás de Aquino, el Buey Mudo.

ID 20160928Eso me ha hecho recordar que en mis tiempos, allá por 1960, cuando llegué con 9 años a Barcelona, con mi ingreso en el Bachillerato aprobado en Cáceres, en junio de ese año, me hicieron repetir el ingreso porque iba demasiado adelantado y, como era un colegio nuevo, así se aseguraban. Eso me ha costado perdonarlo. Y que desde los cuatro años, cuando había aprendido a leer, hasta que me marché de allí, mi cumpleaños, el 7 de marzo, no tenía que ir al colegio, pues era Santo Tomás de Aquino. Se celebraba, como es regla general en todos los santos, el día de su muerte. Y, por consiguiente, mi cumpleaños en Cáceres, siempre fue, para mi, festivo.
Hace dos años, en Sevilla, en torno a la festividad de San Alberto Magno, 15 de noviembre, que le puso al santo de mi cumple, alumno suyo, el apelativo que encabeza esta entrada, descubrí Alberti Magni De laudibus beate Mariae Virginis, de donde voy bajando páginas a mi ordenador, trabajo que tenía bastante olvidado, dicho sea de paso.
Así que ya conozco al patrón de los estudiantes y al patrón de los científicos, además de al patrón de los escritores, S. Fco de Sales, que se celebró el pasado 24 de enero, no coincidiendo tampoco con el día de su muerte, el 28 de diciembre, día de los inocentes.
Y esto me lleva a que, cuando uno se va haciendo mayor, ve desfilar ante sus ojos la historia que se repite, como en la fotografía que encabeza estas líneas, con cuatro reproducciones distintas de la Anunciación de Antonello da Messina. La más antigua es la mía, del 11 de diciembre de 1970, realizada por mi en 24 x 34 cm y con lápices cera. Las tres siguientes son de los autores de los libros que se ven delante de mi ordenador, que ahora desconozco porque no los tengo a mi alcance. Los libros son: ·Elio Vittorini. Conversación en Sicilia. Traducción de Carlos Manzano. GADIR. Septiembre 2004. ·Andrea Camilleri. Las ovejas y el pastor. DESTINO. Octubre 2007. ·El evangelio secreto de la Virgen María. Santiago Martín. BOOKET. Noviembre 2005. Por el orden en que los fui comprando, tan pronto los vi.
Hoy he trabajado para el libro en pergamino de mi nieto Eduardo, pero eso lo explicaré mañana.

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De Tintini et Miluli Facinoribus

Voy con un par de amigos por la calle y uno de ellos compra un paquete de tabaco cuyo aspecto es para mi desconocido. Le pregunto y me dice que es el más fuerte de cuantos se fabrican. Le pregunto si sabe dónde venden tabaco normal y me lo indica y le digo que me preste dinero porque yo, que no llevo más que tarjetas bancarias, no he encontrado ningún cajero automático y quiero aprovechar la cercanía del estanco indicado para comprarlo. Me deja un billete de veinte.
Solucionado ya mi problema, paso a dibujar cuatro páginas de una de las aventuras de Tintín en catalán. Es una aventura nueva. No hay guión ni dibujos. Todo lo hago yo. Y quedo satisfecho. Como tenía el papel justo para hacerlo y quiero hacer cuentas del dinero que he ingresado por mi trabajo y el dinero que se me ha ido en gastos propios y en tintas chinas de colores y pinceles, pido otras dos hojas más.
Después de eso, recuerdo que tengo dos A3 que me han sobrado de los diez que me regaló el dueño de la tienda donde hice fotocopias el día anterior y donde me regalaron 10 A3 para separar los pergaminos que había cortado a ese tamaño de las dos pieles que compré.
El caso es que estoy contento con mi trabajo y llamo a mi hermano Lluís para mostrárselo. Mi hermano ahora está empezando a dibujar y pintar y está muy contento por ello. Por eso le muestro mi trabajo, por eso y porque él tiene mucha más facilidad con el catalán que yo.
Y va avanzando en el visionado del álbum de Tintín, que ahora ya es un álbum completo y no sólo las páginas por mi dibujadas, cuando me doy cuenta de que todas mis anotaciones sobre ingresos y gastos y los demás datos no las tengo, porque todo ha sido un sueño y en los sueños uno no lleva papel ni lápiz para anotar, ni compra tabaco ni fuma. Son las 07:59 h y me levanto contento de que ni siquiera he soñado que fumaba. Sólo que compraba tabaco.
Tercer día seguido soñando con un tabaco que de día, no anhelo en absoluto. Para nada. Habré de seguir esperando que termine esta racha de sueños tabáquicos absurdos. 7 semanas 4 días 8 horas sin fumar.

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Todo son prisas

IDR 20160117Hoy mi nieto Daniel cumple 4 años y hemos de salir pronto de casa para celebrarlo con la familia. Así que no me puedo detener en filosofar sobre el hecho de que estos pergaminos que corté ayer son los peores que han pasado por mis manos en mi vida. Los recortes sobrantes los tiré, no sirven para nada. Los recortes de mis pergaminos anteriores los guardaba para hacer marca páginas para mis amigos.
¿Por qué esa sensación de que si no leo todo lo que me propongo, por hablar sólo de una de mis aficiones, me falta algo? Tengo que hacer ejercicios para aumentar mi resistencia a la frustración. Me gustaría saber que dice mi amigo C. G. Jung al respecto. Debajo de su libro “El libro rojo”, en letra gótica y con maravillosas ilustraciones, colocaré los pergaminos a ver si se planchan un poco. Y de paso, se preparan, como por ósmosis, para recibir mi caligrafía.

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Hoy lo voy a cortar

IDR 20160116Lo esperaba para el jueves, pero no llegó. Ya, qué más da. Me llegó ayer viernes con el siguiente detalle: 9’50 + 10’75 = 20’25 (2 pieles, pies cuadrados). Y la siguiente factura: Pergamino de oveja de 1ª, 2 pieles, 20’25 x 3’25 € = 65’81 €. Si añadimos el 21% de IVA (13’82) tenemos un total, que ya he abonado por transferencia de 79’63 €. Además de los portes debidos al transportista de 16’58 €. En definitiva, 96’21 €.
El caso es que yo había pedido dos pieles de 11 pies. Creo que con la de 10’75 no tendré problemas para sacar los cuatro pliegos, pero con la de 9’5 voy a tener que hacer páginas muy justas. En fin.

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Recto y verso.

La fotografía corresponde al rayado que he hecho esta mañana de una página, la 98, de las cuatro que contienen el pliego que lleva las páginas 98 y 87 en el lado de la carne y la 88 y 97 en el lado de la piel.

Ya tengo las reglas que utilizaba y todo el material en su sitio, preparado para manuscribir la página hoy rayada. El flujo de mi líquido nasal, que no puedo denominar mocos, pues es agua, me impide seguir trabajando. Mientras hacía el rayado, se me ha caído una gota de agua sobre el papel en que me estaba basando para hacer el manuscrito en pergamino. Mañana será otro día y, como decía mi madre, verá el tuerto los espárragos.

Parece que en la escritura sobre papiro, de la médula de esta planta se sacan tiras y el lado en que éstas están en horizontal se denomina recto y el lado en que es vertical, se denomina verso. Pero esto lo explico de oídas. Sin embargo lo que sigue lo explico porque lo he vivido:

La parte anterior de un folio impar de pergamino se denomina recto y la posterior verso. Pero eso no quiere decir que siempre el recto sea la carne. Depende de las necesidades de edición y de cómo estén organizados los cuadernillos. Lo normal es colocar los pliegos carne con carne y pelo con pelo. Pelo es la parte de la epidermis donde se ven los poros de los que se ha quitado el pelo, de ahí su nombre. El lado opuesto de la piel o pergamino se denomina carne, porque es el lado correspondiente a la hipodermis. Es más blanquecino y suave al tacto pues tiene una preparación para escribir sobre ella después de igualar los restos de dermis que han quedado sobre la piel.

En teoría, la parte denominada carne es más blanca y suave al tacto y suelen recomendarla para escribir. Sin embargo, mi experiencia me dice que, con el que yo he comprado, piel de oveja, y con la preparación que viene, prefiero pintar y dibujar por la parte del pelo, la más amarillenta y porosa, pues aun siendo la más difícil, sé a las dificultades a las que me enfrento. En cambio, la parte mejor preparada, más fina y suave al tacto, a veces, por una preparación no del todo idónea, nos encontramos con sorpresas traicioneras que te estropean una pintura y eso tiene muy mala solución pues en pergamino, los errores a modificar pasan por el raspado de la piel y nueva preparación…

En fin, que ya no hago sino colocar pelo contra pelo y carne contra carne y en paz. Con los problemas que surjan al utilizar el color, ya me ocuparé en su momento.

En la fotografía de esta entrada parece el pelo más blanco, pero eso es por la iluminación al hacer la foto. El color de la carne es el blanco del ángulo superior izquierdo, mientras que el color de su reverso, la foto insertada donde dice “Pelo”, tiene el color del centro, amarillento y donde pueden verse los poros. Es un primer plano. Otro día utilizaré una máquina profesional para comparar ambas características.

Por eso, si paginamos como en los libros actuales, siendo las páginas impares las que caen a la derecha según tenemos el libro abierto y empezamos un libro con un primer cuadernillo de pliego pelo/carne y el criterio de colocar pelo con pelo y carne con carne, nos encontraremos, numeradas sus páginas: 1, pelo, RECTO; 2, carne, VERSO; 3, carne, RECTO; 4, pelo, VERSO; 5, pelo, RECTO; 6, carne, VERSO; 7, carne, RECTO; 8, pelo, VERSO; 9, pelo, RECTO; 10, carne, VERSO; 11, carne, RECTO; 12, pelo, VERSO; 13, pelo, RECTO; 14, carne VERSO; 15, carne RECTO y 16, pelo VERSO.

Donde espero haber dejado claro que no se puede identificar pelo o carne con recto o verso pues va variando.

Recto es el anverso o el haz o la parte anterior o el derecho y verso es el reverso o el envés o la parte posterior o el revés.

q.e.d.

IDR 20160113
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Gracias a la charla con una amiga he recordado…

IDR 20160112 …que tenía pendiente de reclamar dos pieles. He hecho la llamada pertinente y mañana mismo me los envían por el transportista. Y he vuelto a llamar para saber el importe. De momento no lo tienen pero serán dos pieles de 11 pies a 3’25€ el pie 82’50 €. Pasado mañana por la tarde los tendré en casa. Ya estaba empezando a preocuparme.
La producción de pieles de pergamino, que yo compro preparadas para escribir por ambas caras, pero que fundamentalmente se utilizan por una sólo, para encuadernación, ha disminuido mucho debido al pinchazo de la burbuja inmobiliaria. Los principales demandantes del producto eran los encuadernadores que trabajaban para las notarías, para encuadernar las escrituras.

Hubo una época en la que fui aprendiz de encuadernador. De esa época guardo un libro encuadernado en guaflex verde, otro en tela granate, un tercero en piel verde vejiga y un cuarto en piel Corinto con cuatro tejuelos en el lomo.
Y de una época posterior, guardaba dos pendientes de finalizar su encuadernación y que finalmente entregué a un profesional porque ni disponía de tiempo ni me iba a ahorrar dinero pues las clases de encuadernación no son gratis y el trabajo requiere unas cuantas de ellas.
Uno de estos dos, Terapia, de David Lodge, leído el 23.09.1996 lleva la anotación “Lo mejor que he leído durante mucho tiempo.
El otro Gödel, Escher, Bach, un Eterno y Grácil Bucle, de Douglas R. Hofstadter, Tusquets Editores, Superínfimos 9. Ganas de llamar la atención. Porque de súper ínfimo, nada. Son 882 páginas de matemáticas, dibujo y música. Un libro genial para leer un verano. Pero yo pienso darme ese placer cuando termine el libro de mi nieto. Este libro me ha hecho recordar su portada gris con el título destacando las mayúsculas de cada palabra para que se vea la coincidencia de las iniciales de los nombres propios y de las iniciales de los adjetivos y el nombre del mismo y una gran una letra aleph. Y claro, el aleph me lleva a Borges y de ahí Borgeano.
El caso es que los libros que he encuadernado conservan, como estos otros que he dado a finalizar la encuadernación, sus tapas originales; las ves cuando abres las tapas visibles del libro, que hay aficionados que la decoran llegando hasta en estilo mudéjar.
Además, creo que también trata de la estructura helicoidal del ADN. Y éste es un tema que me lleva ocupando mucho tiempo pues algunos autores sostienen que en las dimensiones de dicha estructura se encuentra la divina proporción.

Hará cuarenta años, cuando yo tenía un compañero al que le encantaba venir a dar la lata a cualquiera, y mejor si estaba muy ocupado, me asaltó una pregunta sobre no recuerdo qué hecho atribuido a cierto faraón de no sé qué dinastía. Quería saber el nombre del faraón. Yo le contesté que quizá pudiera responder a su pregunta si él me respondía previamente a qué relación existía entre el tremendo problema de los triglifos y las metopas angulares y la estructura helicoidal del ácido desoxirribonucléico. Se me ocurrió sobre la marcha, no me preguntes cómo, pero con el convencimiento de que me dejaría en paz porque era imposible que hubiera ninguna relación.
Bueno, pues parece que sí puede haberla. Tanto en el arte dórico como en el ADN existe el número phi (Φ). Pero donde necesito ayuda es en el ADN. Y sé de un médico que es aficionado a la historia y otras artes, al que quizá pueda interesar en el tema.

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