¡Por fin pintaré mis huevos!

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Ayer fui a ver a mi amiga Carmen, a su taller de pintura, para ver si guardaba la bata que mi mujer decía que yo había dicho que era una mierda y había tirado. No es que yo estuviera seguro de no haberlo dicho, puesto que uno no puede nunca estar seguro de no haber dicho algo, solamente puede estar seguro de no recordar haberlo dicho, como era mi caso, sino que me resultaba extraño en mi, el comentario de la mierda de la bata. Porque una bata de pintura es una bata de pintura y, por muy manchada de pintura que esté no se deshecha, antes al contrario, en mi caso, que utilizo acrílicos, las manchas de pintura le proporcionan mejor protección contra las manchas de las vestiduras que resguardas.

En su percha estaba mi bata. Carmen me tenía guardado mi ejemplar de la novela humorística Escorpión y Félix de Karl Marx, que yo terminé de leer el 23 de junio de 1975, y además mi caja labrada conteniendo mis huevos de gallina, uno sin empezar, para el que pienso utilizar a Fattori (Las aguadoras Liornesas, 1865) y el otro que hasta esta madrugada no he conseguido recordar que era del prerafaelista Dante Gabriel Rossetti. Y no sólo eso, una bolsa bien cargada de pinturas acrílicas y pinceles sintéticos en perfecto estado, sin utilizar.

Y es que no sólo eso, sino que, cuando salía hacia la parada de autobús para volver a mi casa, oí unos gritos («Ilde, Ilde…») que me hicieron detenerme. Era mi amiga Esperanza, psicóloga clínica, con la que estuvimos hablando de las relaciones de pareja, de que nunca puedes llegar a ponerte en el lugar del otro porque nunca terminas de entenderlo y de cómo yo nunca había entendido que mi compañera de trabajo Amparo, de cuando trabajaba en la oficina de Huelva del Banco Internacional de Industria y Comercio, fíjate si seré antiguo, me dijera que ella se iba a una habitación a oír su radio y leer sus libros y su marido a otra a hacer lo propio.

Yo no lo entendía porque, en aquél entonces acababa de pasar de botones a auxiliar y el banco acababa de ser absorbido por el Banco Central en Huelva. Ya en aquel entonces, existía el Banco Urquijo, donde terminé trabajando. Lo he hecho en el Banco Popular Español, que aún existe como tal y en el Banco Exterior de España, que era banca para-estatal y luego pasó a llamarse Argentaria. Existían el Banco de Bilbao y el Banco de Vizcaya hasta que se fusionaron en el Banco Bilbao Vizcaya. Luego absorbieron a Argentaria y pasó a ser Banco Bilbao Vizcaya Argentaria, alias BBVA.

Ahora, ya, lo entiendo. Me refiero a lo difícil que es la convivencia en cualquier ámbito y a la solución de estar cada uno a sus asuntos. Son, evidentemente, los años. Mi amiga Esperanza enviudó hace un par de ellos y ya está mejor de ánimo. Me aconsejaba relacionarme. Yo argüía que, al fin y al cabo, tampoco se aprende tanto y que stultorum infinitus est numerus (Ecc, 1.15) que dice la Vulgata, y que en román paladino y refranero se dice: Si los idiotas volaran no veríamos nunca el cielo. Puede cambiarse idiotas por las iniciales de la marca Hewlett-Packard o colocar imbéciles en lugar de idiotas o combinar hp con i al 50%. El caso es que su número es infinito más trescientos, como decía mi nieto mayor. Así indicaba una dimensión incluso superior al infinito. Eso dejó de hacerlo hará dos o tres años; ahora, ya con ocho años y nueve meses, ha aprendido que eso no tiene sentido. Por cierto, que también puede decirse estultos y es perfecto castellano.

A propósito. Me tienen harto ya los políticos con lo de no consentir determinada cuestión ni por activa ni por pasiva. A nadie se le ocurre decir no entraremos en tal pacto de ningún modo, o de ninguna de las maneras, o ni de un modo ni de otro, o ni de perifrástica activa ni de perifrástica pasiva, puestos a ser pedantes y a rizar el rizo.

Mi amiga tiene razón, en parte. Pero eso no quiere decir que tenga que apuntarme a ningún tipo de actividad. Puedo perfectamente errer, flâner, vagar, pasear sin rumbo… Y enrollarme con cualquiera como habitualmente hago.

Pero claro, no se trata de aprender. Se trata de mantener diálogos para besugos. Aunque para ello no hace falta vivir en la 13 rue del percebe. Quedarse a gusto después de haber tomado unas cañas.

He conseguido una mesa en mi habitación para hacer los pergaminos y para pintar mis huevos. Ya sé, como decía más arriba, quién es el autor y el cuadro de donde copiar mi huevo empezado, el izquierdo según está colocado en su caja: Se trata de Dante Gabriel Rossetti y su cuadro de 1872 The Bower Meadow (El Cenador del Prado).

Y ya, decido leer, en honor de mi amigo Borgeano el prólogo de Jorge Luis Borges a la obra de Herman Melville «Bartleby el escribiente» (Prólogo de Jorge Luis Borges) de la colección Literatura Alianza Editorial. Y voy a donde lo recuerda mi memoria visual y lo encuentro, pero no tiene prólogo. Pero si yo –que según dice Borgeano, todo lo anoto– he escrito Prólogo de Jorge Luis Borges (donde había escrito sobre el tema, ya he anotado prólogo de Borges para que me sea más fácil encontrarlo) es que tiene que tenerlo. Total: Que efectivamente, lo tiene. Que tengo dos libros. Y que, con la tontería de los editores de hacer la cosa (por la cosa me refiero a la portada) bonita, ahora mismo no sé si la obra lleva o no coma detrás del escribiente, cuyo apellido supongo que lo es, pero podría ser también nombre de pila o apodo según opiniones respetable. Eso sí: Apuesto por la Be mayúscula.

Y, en fin, todo llega a su fin. Termino de leer el prólogo de Borges que me ha parecido espléndido y me ha recordado mi ejemplar del ensayo de G. K. Chesterton a que hace referencia el título de mi libro: «Los libros y la locura y otros ensayos». Y que, esto de escribir es una forma de hablar consigo mismo. Y aquí me vienen a la mente los versos de Machado (…mi soliloquio es plática con ese buen amigo…) y el título de una magnífica obra de Miguel Delibes: «Pegar la hebra»

Acerca de Ildefonso Díaz Ruiz

EL 07/03/2016 CUMPLÍ 65 años. Quizá no me queden más que 20 años de vida con mis actuales capacidades. Quizá he necesitado demasiado tiempo para decidir qué haré cuando sea mayor. Pero de algo estoy seguro: Terminaré el libro de mi nieto mayor en pergamino, con letra gótica e iluminaciones: http://migranlibro.blogspot.com.es/ Mi página personal: http://ildefonsodiazruiz.com
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3 respuestas a ¡Por fin pintaré mis huevos!

  1. Noe dijo:

    Me he llevado a Twitter este Gran artículo? Enhorabuena!!

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