Sakaralik Tifón

IDR 20160204Ésta es la palabra con la que me desperté soñando el pasado sábado 30 de enero a las 09:17h. Ya entonces decidí que sería el título de esta entrada.
Hace tiempo que le comenté a Mónica López Soler que su máquina de escribir me recordaba la flauta mágica de Ingmar Bergman.
Y por fin, hoy quiero rememorar cómo era la máquina de escribir de mi padrino, con la que conseguí aprobar las oposiciones al Banco Popular Español cuya carta de bienvenida del 22 de mayo de 1968 aún conservo. Tenía entonces yo 17 años recién cumplidos el 7 de marzo.
En octubre de 1969 empecé el primer año de la Licenciatura del plan 1953, curso selectivo, en la Facultad de Derecho de la Universidad de Barcelona.
Previamente hube de aprobar el curso Preuniversitario en febrero de 1969, creo. Me matriculé en junio de 1967, pero tener que sacar las oposiciones bancarias (fracasé en la Caixa) me hizo muy difícil el aprobado en septiembre. En junio ni me presenté.
Y bien. Hará años estuve en el Museo del ferrocarril, de Madrid, en la exposición “QWUERTY”, buscando el modelo de la máquina de escribir de mi padrino, con la que me preparé para el examen para auxiliar administrativo.
Después de asombrarme con toda la evolución de las máquinas de escribir más diversas y antiguas, sin ver la que me interesaba, pregunté a un visitante de mi edad por la máquina Underwood que yo buscaba, sin cinta para escribir.
Me contestó que no la había visto, pero me informó de dónde podía ver la primera máquina de escribir con tan solo 27 teclas para las letras, cuando antes llevaban 54, 27 para las mayúsculas y 27 para las minúsculas. Era un mueble como las máquinas de coser de nuestras abuelas, pero en vez de tener abajo una plataforma oscilante que se manejaba indistintamente con uno de los pies o con ambos, tenía un pedal como el embrague de un coche moderno en su lado izquierdo. Era el antecesor de la “moderna” tecla de fijación de las mayúsculas en las máquinas de escribir que ha subsistido en los teclados de los ordenadores.
Pero me fui muy contento de haber visto tanta maravilla y muy contrariado por no haber encontrado la que buscaba. La máquina con la que yo aprendí a mecanografiar para superar el mínimo de pulsaciones que entonces pedían para pasar el examen, además de los conocimientos de derecho administrativo, contabilidad y otras materias que ya he olvidado.
¿Y cómo escribía la máquina de mi padrino si no tenía cinta? Pues mediante un tampón entintado que, cuando se veía que escribía ya muy tenuemente, se volvía a entintar mediante un tubo de tinta. Cuando se gastaba el tubo se compraba otro y supongo que cuando el tampón estaba tan viejo que se rasgaba, se cambiaba o se llevaba a cambiar por otro.
La cuestión funcionaba de la siguiente forma: Debajo del rodillo estaba el tampón, en forma de sección de cámara de rueda de bicicleta, como un arco de óvalo por su parte más larga, con un contenedor metálico y la esponjilla llena de tinta y con todos los tipos de la máquina depositados en la seda que cubría la misma. Cuando pulsabas una tecla, entraba en juego el mecanismo de la varilla que contenía el tipo de la letra. No era una varilla como la de una máquina moderna, que va del pie del rodillo hacia el lugar de las teclas reposando en ese arco, sino que en realidad, para cada tipo había dos varillas unidas en un codo articulado que descansaba en el lugar donde descansan los tipos de una máquina moderna.
Cuando pulsabas las teclas, los tipos se levantaban del tampón, iban hacia el mecanógrafo y luego hacia el carro que sostenía el papel, grababan en el mismo la letra y deshacían el camino a la inversa, hacia el mecanógrafo y a su posición de descanso en el tampón entintado, para estar preparados para la siguiente pulsación en que se le requiriera.
La composición que encabeza esta entrada está hecha con dos fotogramas de la película “La flauta mágica” de Ingmar Bergman, que me fueron recordadas por la máquina de escribir que tiene Mónica publicada en alguna parte que ahora mismo no recuerdo, pero que ahora forma parte de mi montaje.

Acerca de Ildefonso Díaz Ruiz

EL 07/03/2016 CUMPLÍ 65 años. Quizá no me queden más que 20 años de vida con mis actuales capacidades. Quizá he necesitado demasiado tiempo para decidir qué haré cuando sea mayor. Pero de algo estoy seguro: Terminaré el libro de mi nieto mayor en pergamino, con letra gótica e iluminaciones: http://migranlibro.blogspot.com.es/ Mi página personal: http://ildefonsodiazruiz.com
Esta entrada fue publicada en Cosas de la vida y etiquetada , . Guarda el enlace permanente.

2 respuestas a Sakaralik Tifón

  1. Antes de comentar nada, tengo que ver La flauta mágica de Bergman. Entonces te diré.
    La máquina del gravatar pertenece a una ilustración diseñada por el artista Joaquín Peña-Toro, una serie que ilustra el libro “Poetas del 50”, y esta imagen en concreto es la que se corresponde con Jaime Gil de Biedma.

    Le gusta a 1 persona

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