A ver si hoy lo consigo

Hace tanto que no escribo que ahora… no sé si seré capaz de hacerlo.

AL RINCÓN 1

Bueno, creo que ya voy entendiendo. Eso me dará la posibilidad de hacer por lo menos tres entradas que me interesan mucho. Sigamos con ésta. La foto está hecha en el rincón de pensar y llevo la corbata de la habitación de Van Gogh. Es la favorita de mi nieto Eduardo, con el que estuve en el Café Van Gogh de Madrid, en Moncloa, enfrente del cuartel del ejército del aire el 12 de mayo de 2013. Ahora ya tiene 12 años…

AL RINCÓN 2

Y nos trae locos a su abuela y a mi…

He tomado el libro más a mano de Vincent Van Gogh: «CARTAS A THEO», comprado por mi, el 14 de marzo de 1978, cuando hacía una semana que yo había cumplido los 27 y mi niña tenía 1 año y medio. Y su portada es un dibujo que parece a tinta negra sobre papel blanco, de dicha habitación y una pintura de la misma. Creo recordar que al menos tenía dos pinturas de su habitación que se distinguen por los cuadros de sus amistades que difieren y una tercera en formato pequeño de la que más le había gustado, como acostumbraba a hacer con sus cuadros.

Le acabo de echar un vistazo y parece muy interesante. Me ha llamado la atención la profusión de dibujos y que en una de sus cartas a su hermano he visto Théo o Thèo, ya no recuerdo, mientras que en la portada no hay acentos. Como el asunto de la acentuación de las mayúsculas no es fácil, dejo el tema para cuando no tenga todo el trabajo que tengo hoy…

AL RINCÓN 3

Bueno, a ver si me entero…

AL RINCÓN 4

No está mal, como muestra de lo que me cuesta aprender. Pero, al menos, creo que mañana o pasado publicaré algo con una fotografía tan solo y mucha más enjundia. Después de tanta vuelta, he conseguido que se vea la silla de la habitación de mi nieto, digo de Van Gogh, con mucha más profusión:

AL RINCÓN 5

Y volver, volver, volver…

 

 

 

 

Publicado en Uncategorized | Deja un comentario

Plinius Puer dixit

Nullus est liber tam malus ut non aliqua parte prosit.

Pero, en fin, esto lo dejaré para otro día, porque ahora lo que más me interesa es averiguar dónde tengo entre tantos papeles el documento que califica como signo tipográfico al colodrón.

Y, lo peor de todo es que sé que tengo razón, que no lo he soñado, pero no hay manera de que San Gúguel me de la razón. Tan sólo en una ocasión he capturado una imagen del colodrón que está relacionada con el tema:

Bueno, ya es muy tarde. Esto necesita más tiempo del que dispongo. Mañana será otro día y verá el tuerto los espárragos.

 

Imagen | Publicado el por | Deja un comentario

Por fin puedo escribir

Y tenía muchísimas ganas de hacerlo, pero hasta hoy no ha podido ser.

Son las 21:37 y voy a cenar. Luego escribo. Veo el nuevo editor con calderones y quizá escriba mañana sobre los colodrones, pues tengo una imagen importante.

Publicado en Uncategorized | Deja un comentario

Tengo que volver a ver esta exposición

Me refiero a la que he visto esta mañana gracias a mi amigo pintor que tiene tan buen criterio para elegir éstas y que hemos visto en la Sala de exposiciones Recoletos y puede visitarse hasta el próximo 7 de enero. Tengo un par de meses para ir armado de bloc y bolígrafo para resumir las cartelas que más me interesan. Me refiero a «ZULOAGA EN EL PARÍS DE LA BELLE ÉPOQUE, 1889-1914».

20171025 Ildefonso Díaz y Maurice Barrès

 

Me ha interesado especialmente el retrato de Maurice Barrès, 1913, y, sobre todo, el libro que sostiene en sus manos y su relación con el cuadro de Toledo de El Greco, pero muchos otros cuadros, de él y de otros. Jamás en mi vida he visto exposición que me haya gustado tanto como ésta.

Naturalmente, la fotografía con Barrès y el fondo de Toledo, no es de la sala, sino del ascensor y se la debo a mi citado amigo, que, además de buen pintor, es un estupendo fotógrafo.

Pero vaya, que lo que pretendo es hablar aquí del motivo que me exime de publicar nada más por hoy en el blog que dedico específicamente al libro que le estoy haciendo en pergamino y con letra gótica e ilustraciones a mi nieto Eduardo. Dice su abuela que le tengo que hacer otro a su hermano Daniel… y me da la risa.

En fin, que coloco el enlace a mi página y me voy a cenar:

Lo único que he podido publicar hoy sobre mi libro

 

Imagen | Publicado el por | Deja un comentario

Apenas tengo tiempo para nada

No se pueden tener tantas aficiones.
Apenas queda tiempo para nada, pero hay que saber priorizar. Éstas son ahora las mías:
http://migranlibro.blogspot.com.es/2017/09/escrito-el-miercoles-13-de-diciembre-de.html

Ahora me falta ponerme un horario y cumplirlo. Hoy, ya no puedo hacer nada más.

Publicado en El libro en pergamino, Uncategorized | Deja un comentario

San Eduardo, Sanchinarro y centro comercial con lluvias

Cuando hace un par de días miré mi agenda para ver mi cita hoy con mi médico internista, vi que hoy era san Eduardo y que por tanto, habríamos de felicitar a nuestro nieto mayor. Pero mi esposa me dijo que lo celebraban en otro san Eduardo. Sin embargo yo estaba en lo cierto, era hoy, como lo pudimos ver cuando nuestra hija nos mostró una fotografía de nuestro nieto mayor (nueve añazos) a las 9:01 de la mañana, yo a punto de marchar al Hospital Universitario HM Sanchinarro, que mira que tiene un nombre complicadito.

El tiempo esta mañana aconsejaba coger el paraguas, pero no me fue necesario en absoluto. En otra ocasión llevaré uno plegable, es más cómodo, sobre todo si vas leyendo el periódico en la tableta electrónica que llevas en la cartera donde cabe perfectamente el paraguas además del libro que traía para leer en el trayecto de vuelta.

A las 12:05 ya estaba de vuelta en el metro ligero, donde hice esta fotografía que espero mi hija le haya enseñado al menor de nuestros nietos, Daniel, a quien le encantan los trenes.

img_2028

Es la primera vez que utilizo el metro ligero y he de decir que, para mi, ha resultado una experiencia desconcertante y entrañable.

Cuando estuve de vuelta en casa, el tiempo había cambiado respecto al de primera hora de la mañana. Concretamente, a las 15:19:45, desde mi ventana, tenía esta pinta:

img_2031

El caso es que al poco ha llegado mi esposa y me ha propuesto salir a hacer un par de compras que nos interesaban a ambos y hemos llegado satisfechos a casa.

Ahora falta ver qué tal queda este procedimiento de edición y me declararía el hombre más feliz del mundo si me resulta útil. Veamos, porque ya se me está haciendo tarde.

Bueno, no ha estado mal.

Publicado en Cosas de la vida, Uncategorized | Etiquetado , , , | Deja un comentario

Una terraza en las nubes

León era funcionario. Trabajaba en Madrid, en el Ministerio de Sanidad, como economista, en el Departamento de Estadística. Su puesto de trabajo era, como el de cualquier funcionario, una de las pocas cosas seguras que había en su vida. Sus dos últimas relaciones sentimentales le habían dejado, tras su fracaso matrimonial, la sensación de que su vida carecía de sentido. Lo único que le anclaba a su ciudad era su trabajo y ahora estaba pensando abandonarlo. La mayor parte de su nómina iba directamente a la cuenta de su ex, la madre de sus tres hijos.

Aquella mañana se despertó con la impresión extraña que le sobrevenía siempre que tenía aquel sueño. Decidió que no iría a trabajar. Todavía no había sonado el despertador, de manera que no podía llamar al trabajo para dar una excusa. Decidió llamar desde la calle. Se lavó los dientes y se duchó, pero decidió no perder el tiempo en afeitarse. Salió de su pequeño apartamento de divorciado en la Calle de Las Huertas, enfrente de “The Variety Tavern” y bajó hacia Atocha, evitando el Ministerio por si acaso y cruzando por enfrente del botánico subió el Paseo del Prado con la idea de desayunar en el bar de los Jerónimos, al lado de la Asociación de Amigos del Museo del Prado.

—Buenos días, Victoria. ¿Un café con leche y un cruasán?

—Ahora mismo, León. Hoy te has caído de la cama.

León, absorto en sus pensamientos, no contestó. Desayunó rápidamente y dejó unas monedas. «Esto se tiene que acabar. No puedo más. Apenas veo a mis hijos, ellos no parece que sientan nada por mí y su madre me tiene hasta las narices. ¿No quiere realizarse? Pues que se realice, pero no a mi costa». Salió sin decir adiós. Bajó al Paseo del Prado y decidió pasear hacia la Plaza Castilla, rumbo norte, pero sin más preocupación ni objeto.

«Al fin y al cabo, soy licenciado en medicina aunque no esté colegiado. Seguro que en Barcelona puedo defenderme estupendamente para vivir yo solo, trabajando de forma esporádica en lo que sea y sin estar sujeto a una nómina que me puedan embargar».

«Seré el padre de las criaturas, pero está claro que lo único que necesitan de mí es mi dinero, de manera que va siendo hora de que su madre se espabile. Yo ya he estado pasándoles los “alimentos” durante diez años. Ya no aguanto más».

Absorto en sus pensamientos, había llegado, sin darse cuenta, a la altura de María de Molina. Eran ya las nueve y media de la mañana. Buscó un lugar apartado del ruido del tráfico y llamó al trabajo para decir que no se encontraba bien. Algo muy dentro de él le hacía tomar esa precaución, a todas luces inútil si llevaba a término su idea de dejar el trabajo.

«Espero que Jaume me eche una mano en Barcelona. Cuando haya aclarado mis ideas, le llamaré. Quizá esta tarde a su casa. Además me vendría bien que me ayudara a buscar un sitio donde vivir a buen precio, hasta que encuentre un trabajo».

Llegó a Raimundo Fernández Villaverde y cruzó la Castellana con la idea de vagar por “El Corte Inglés”, eso le ayudaría a centrarse. Le costaba pensar con claridad, olvidarse de su sueño.

Apenas había caminado dentro de los grandes almacenes, cuando al lado de la peluquería de caballeros apareció ante él la “Semana de la Magia”. Nunca hubiera creído poder encontrar algo así en tan importantes almacenes. Se distrajo mirando velas de magia y otros objetos de ritual que se vendían en los distintos tenderetes; porque, estaba en El Corte Inglés, sí, pero había tenderetes. No encontraba palabra más adecuada para definirlos.

De pronto, la cara agradable de la “maga Griselda”, nombre que a todas luces era un alias, le hizo plantearse consultarle el sueño reiterativo que tantas veces le había inquietado durante su adolescencia y que esta madrugada le había hecho despertar con tan extraña impresión.

«¿Llevaré dinero suficiente, admitirán tarjetas?» Se preguntó. Vio el precio en un discreto cartel, con detalle según las distintas prestaciones. Y sí, podía pagar incluso con la tarjeta de “El Corte Inglés”.

La maga Griselda estaba preparando algunos trabajos, pero no tenía a nadie en su “consulta”.

—Buenos días.

—Hola, buenos días. ¿Puedo ayudarte?

—Pues no lo sé. No es que yo crea demasiado en estas cosas, pero…

—¿Has oído hablar de la quiromancia?

—¿La supuesta adivinación por las rayas de las manos?

—Sí, pero nada de supuesta. Es un saber muy antiguo y con bases científicas. ¿Hacemos una prueba?

—No. Prefiero probar otra cosa. ¿Sabes interpretar sueños?

—A ver. Prueba. Cuéntame el que te preocupa. Porque hay uno que te preocupa ¿Verdad?

—Pues verás:

No sé cómo llegué a esa terraza. Era una casa antigua, de ladrillo; no se veía el resto del edificio, ni la calle, ni la ciudad. La terraza estaba encima de las nubes. La casa tenía dos puertas: Una puerta daba al vacío, estaba abierta, pero en medio de la fachada. La otra daba a la terraza, pero no podía ver si tenía escalera o era un ascensor. Ni sabía cómo había llegado, ni cómo iba a salir de allí. Tampoco veía el suelo de la terraza, también estaba oculto por las nubes. Había una barandilla de hierro oxidado, a punto de quebrarse. En mi sueño no había nada más. Era un lugar que me resultaba familiar, aunque no sabía por qué.

—A ver: Lo que yo entiendo, y no sólo por el sueño, sino por cómo te has presentado y porque yo estoy acostumbrada a tratar con mucha gente, es que eres muy tímido, y no te atreves a cortar el cordón umbilical.

«Ya estamos» Pensó León. «Siempre con la misma lata» Y notó que, al instante, sus mejillas ardían aumentando su calor mientras más pensaba en ello. «¿Nunca lograré superarlo?» Y siguió prestando atención a Griselda.

—En tu sueño no sabes dónde estás porque te empeñas en ubicar la terraza como perteneciente a una casa que intentas localizar en una calle de una ciudad. Buscas un sitio concreto. Y no. Estás en las nubes, y cuando uno está en las nubes, las calles, las ciudades e incluso los países, carecen de importancia. Pero ese es el sueño de volar. Un sueño tan antiguo como la civilización, como la historia, yo diría, incluso, que como la Humanidad.

«En las nubes estoy a menudo, sobre todo cuando me sueltan estos rollos. Tendré que prestar atención que esto me cuesta treinta euros»

—Sin embargo, tú no te atreves a volar, por eso en tu sueño no ves el suelo que pisas, el de la terraza, porque está, dices, oculto por las nubes. Anhelas volar, rodeado de nubes por todas partes y así te ves en tu sueño. Pero, en realidad, necesitas sentir tus pies afirmados en la tierra, bien firmes en ella de la cual el suelo de la terraza, por muy alto que esté, no es más que una representación.

—De mayor, una vez vi desde mi ático una terraza parecida. Cada vez que me asomaba, me venía a la cabeza este extraño sueño. Sueño que se repitió, en alguna ocasión, durante mi adolescencia.

—¿Ves? Tengo razón en mi interpretación. Ese sueño se hace presente cada vez que has de tomar una determinación que por lo que sea, te asusta. Mi consejo es que te libres de una vez por todas de este sueño. El Tao Te King hace alusión a tu sueño en esta hojita que puedes quedarte. Te ayudará a tomar una determinación para perder, de una vez por todas, el miedo. Atrévete a volar. “Sé tú mismo” es el peor consejo que puede dárseles a algunas personas, pero no es tu caso. Sé tú mismo. Lucha por ser feliz.

León cogió la hoja que le ofreció Griselda, pagó, dio las gracias y se alejó de la zona pensando que la explicación del sueño, si no era cierta, era adecuada y que iba a llamar a Jaume en cuanto que fuese la hora de comer. Para hacer tiempo, se dirigió al departamento de librería. Los libros para él eran un vicio. Había tenido más de una discusión con su ex mujer por ese tema y eso le había llevado a comprarlos a escondidas. La mañana se le pasó sin sentir entre las surtidísimas estanterías de libros. Le interesaban todos.

Miró el reloj cerca de las dos y media y decidió comer en la cafetería un sandwisch “Cortty”. Bebió un sorbo de la cerveza que le habían servido mientras esperaba el bocadillo y aprovechó para llamar a Jaume.

—¿Jaume?

—Hola León, cuánto tiempo, ¿cómo te va?

—Bien, bien ¿Y tú, cómo estás?

—Bien. Sigo dando clases de Biología en el Instituto a los cafres. Las preparo como si tuvieran interés en aprender. Ya sabes, como siempre. Oye, te he dicho que estoy bien, pero lo cierto es que estoy harto. No soporto más esta situación. Los chicos pasan de mí olímpicamente y yo no he conseguido rehacer mi vida desde mi divorcio de Andrea. ¿Puedo contar contigo? ¿Me harías un gran favor?

—Lo que quieras. Sabes que sí, si está en mis manos.

Y León tuvo la certeza de que todo estaba solucionado, de que por fin podría volar.

Publicado en CUENTOS | Deja un comentario